La historia de Lúa después de Arimunani
Hay preguntas que muchas familias se hacen cuando conocen una escuela que trabaja desde una mirada más respetuosa, vivencial y personalizada: ¿cómo conviven la educación respetuosa y el nivel académico?
¿Tendrá mi hijo o hija el nivel académico suficiente si después cambia a otro centro?
¿Sabrá adaptarse a una metodología más tradicional?
¿Estará preparado para los exámenes, los horarios fijos y el ritmo de Secundaria?
La historia de Lúa y su familia forma parte de El Faro, nuestro espacio para compartir experiencias que inspiran el camino de la educación. Una historia que nos ayuda a entender que respetar la individualidad de cada niño también es una forma de construir una base académica sólida

Lúa llegó a Arimunani en el último ciclo de Primaria, cursó quinto y sexto. Su familia conoció Arimunani casi por casualidad, a raíz de la participación de su padre en la construcción del edificio. Primero llegó el espacio; después, el descubrimiento de una propuesta educativa que les conectó desde el primer momento. Después de una entrevista con Juanma, lo tuvieron claro: en apenas una semana, Lúa dejó el colegio en el que estaba para empezar una nueva etapa en Arimunani.
La principal preocupación de la familia era social, más que académica. Lúa venía de otro centro, tenía su grupo de amistades y toda una vida construida allí. Sin embargo, la adaptación fue mucho más sencilla y ágil de lo que esperaban.
El ambiente familiar del colegio, la cercanía del equipo y la relación directa con las personas que forman parte de Arimunani hicieron que tanto ella como su familia se sintieran acogidas desde el principio.
«Siempre nos hemos sentido muy bien acogidos, tanto nosotros como ella.» – Familia de Lúa
El valor de poder ser una misma en la escuela respetuosa
Cada niño llega a la escuela con una manera propia de estar, ver y sentir el mundo. En el caso de Lúa, su familia la describe como una niña con personalidad fuerte, arrolladora, diferente a la media y con una forma muy propia de expresarse.
En Arimunani, Lúa encontró un entorno donde su individualidad era mirada, acogida y acompañada. Pudo mostrarse con su carácter, su energía y su manera propia de relacionarse.
«Pudo ser ella misma en el día a día.» – Familia de Lúa
Para su familia, esa fue una de las grandes diferencias. Frente a sistemas educativos donde muchas veces los niños se adaptan al grupo y a unos estándares rígidos, en Arimunani Lúa tuvo espacio para expresarse, descubrir cosas de sí misma y aprender también desde lo personal.
Ese proceso no tuvo que ver solo con contenidos o asignaturas. También tuvo que ver con aprender a gestionar emociones, dirigir la rabia, negociar, expresar lo que necesitaba y encontrar herramientas para relacionarse con ella misma y con los demás.
Educar es acompañar lo que un niño aprende, cómo vive, cómo siente, cómo se expresa y cómo va construyendo una seguridad propia.
Una idea que también aparece en la historia de Nico, donde el acompañamiento emocional fue clave para que pudiera ganar confianza en sí mismo.
Diferentes maneras de aprender
Cuando Lúa habla de su paso por Arimunani y de su colegio actual, lo hace con una claridad muy sencilla.
«No es que se aprenda más porque un sistema sea de una forma o de otra; son simplemente diferentes maneras de aprender.» – Lúa
Esta frase resume muy bien una parte importante de su historia.
En Arimunani, Lúa vivió una forma de aprender más flexible, con talleres, asambleas, proyectos y momentos de ambiente que le permitían organizarse, avanzar tareas, terminar trabajos o dedicar tiempo a aquello que necesitaba.
En su nuevo centro, el funcionamiento es distinto: horarios más fijos, asignaturas marcadas por hora y una estructura más tradicional. Ella reconoce que ese orden también está bien, pero echa de menos algunos espacios de Arimunani, como los momentos de ambiente, el teatro, el periodismo o los talleres de compromiso que duraban todo el año.
Si pudiera diseñar un colegio a su medida, lo tiene claro: haría un 50/50. Se quedaría con elementos de ambos sistemas. Esa mirada es muy valiosa porque no enfrenta una forma de aprender contra otra. Simplemente muestra que existen caminos diferentes y que cada niño puede necesitar cosas distintas para aprender, crecer y sentirse bien.

¿Tendrá nivel académico después de una educación respetuosa?
Uno de los mayores miedos de la familia de Lúa era el salto posterior. Es una preocupación habitual en muchas familias que se preguntan cómo encajan la educación respetuosa y el nivel académico cuando llega el momento de pensar en Secundaria, en los exámenes, en los deberes o en el ritmo académico de otros centros.
En el caso de Lúa, la transición a otro colegio fue una decisión familiar por temas de logística: reunir a Lúa con su hermana mayor en el mismo colegio. En esa época Arimunani no tenía aún la etapa de bachillerato y la familia quería que las dos hermanas fueran juntas. De hecho, explican que, si hubieran podido, su primera opción habría sido que las dos continuaran en Arimunani.
Una base educativa para seguir avanzando
Finalmente Lúa cambió de centro y se adaptó al nuevo colegio. Notó diferencias, sobre todo en la libertad de movimiento, en la organización del aula y en la forma de estructurar el día. Lo que más le costó no fue el nivel académico, sino no poder levantarse, moverse por el aula o tener esa autonomía que sí había vivido en la etapa anterior.
En lo académico, ella misma lo explica con claridad: tenía miedo de que, al venir de un sistema diferente, sus compañeros estuvieran más avanzados y ella se quedara atrás.
Pero no fue así.
«Tenemos el mismo nivel y vamos trabajando las mismas cosas.» – Lúa
Su familia también lo confirma. En la reunión con sus tutoras del nuevo colegio no les señalaron ninguna dificultad ni necesidad de refuerzo. Académicamente, Lúa estaba preparada. No notaron diferencias respecto a sus compañeros y el resultado del primer trimestre fue muy bueno.
«Aquí trabajan de otra manera, pero trabajan.» – Familia de Lúa
Esa frase recoge una idea esencial: en Arimunani se aprende de otra manera. A través de proyectos, experiencias, talleres, autonomía, vínculo y observación. Una manera de aprender que parte de la neuroeducación y que busca construir una base sólida desde la experiencia, la constancia y la confianza interna.
Una base educativa sólida no solo se mide en contenidos memorizados. También se ve en la capacidad de adaptarse, de pensar, de organizarse, de expresar lo que una necesita y de seguir avanzando cuando cambia el contexto.
En la historia de Lúa, esa base aparece en forma de adaptación, de autonomía, de buen nivel académico y de una personalidad que sigue buscando su manera de estar en el mundo.
La historia completa de Lúa y su familia en Arimunani
En estas entrevistas, Lúa y su familia comparten en primera persona cómo vivieron su paso por Arimunani, cómo fue la adaptación posterior a otro centro y qué aprendizajes se llevaron de esta etapa.
Una conversación sobre educación respetuosa y nivel académico, individualidad, confianza y diferentes maneras de aprender que puede ayudar a otras familias que se hacen preguntas parecidas.

