No enseñes educación emocional a tu hijo/a porque podrá cuestionar tus opiniones, la de sus maestros, la de sus compañeros.

No le animes a decir lo que piensa o necesita. Porque tú tendrás que escucharlo y tenerlo en cuenta. Y te verás impulsado/a a crear alianzas con él/ella, en lugar de acudir al socorrido «tienes que obedecerme porque soy tu padre. Porque soy tu madre».

No le enseñes a poner nombre a lo que siente, porque descubrirá que el dolor tiene matices, y que tener emociones no es de débiles, sino de valientes.

No quieras entender su punto de vista, su realidad de niño/a ni valides cómo vive los conflictos o dificultades porque aprenderá a hacerse más fuerte.

No le enseñes a compartir, porque dejará de competir, de querer ser mejor que otros, de luchar por destacar y por ganarse tu amor como hijo/a.

Prémiale con tu amor cuando te haga caso. Castígale con silencios cuando no sea como tú quieres.

No le muestres en qué es bueno ni incentives sus talentos.

No alimentes sus ganas de aprender, porque entonces, puede ser que la pasión le lleve a desviarse del camino marcado, de lo que se espera de él, de lo que la sociedad decreta.

No le digas que está bien sentirse triste, o nervioso, o agobiado. O que también puede llorar y equivocarse.

No le hagas saber que vas a amarle tal y como es. Que le aceptas y que le apoyas con todas sus aristas y matices. Porque entonces ¿qué poder tendrás tú sobre él?

No le enseñes a despertar, a crear su camino vital con curiosidad y valentía. Que no se te ocurra ayudarle a identificar sus miedos, o ayudarle a aceptarlos, retarlos o superarlos. Puede que con eso desate y remueva los tuyos.

No le repitas que es único/a. Que puede conseguir todo lo que se proponga. Que tiene derecho a ser feliz y a crear una vida según sus valores, talentos y aspiraciones ¿Qué es eso de tener aspiraciones? ¡Tu hijo/a hará lo que tú creas que es mejor para él o para ella!

No fomentes en él o ella el autoconocimiento y la autogestión. La independencia o la autoestima. De otro modo crecerá fuerte, feliz y seguro/a y entonces … ¿para qué va a necesitarte?

No le alientes a probar cosas nuevas, a salir de casa, a experimentar la vida más allá de tus abrazos y tu mirada cuidadora. Porque tal vez un día no regrese.

No le enseñes a volar. A reinventarse. A buscar su verdad. Porque tú también tendrás que reinventarte. Más allá de educar hijos/as, cuidarlos/as y amarlos/as, de ser padre o de ser madre. Tendrás que mirarte y preguntarte si eres feliz y si estás viviendo la vida que deseas para ti.

Si enseñas educación emocional a tu hijo/a, crecerá confiado, asertivo, vulnerable, sensible, empático, abierto a razonar, flexible, colaborativo, con capacidad de gestionar sus emociones y de retar sus miedos. Conocerá sus talentos y su camino. Será un adulto independiente, con relaciones sanas y aspirará a tener una vida plena y feliz.

¿De verdad quieres eso para tu hijo/a?

¿Te atreves a vivir el reto de enseñar educación emocional a tus hijos/as?

En Arimunani aceptamos el reto cada día, y nada puede hacernos más feliz que ver a nuestros Munanis, padres, madres, niños y niñas volar libres. Fuerte y alto.