Voy a decirte una cosa que seguramente no te va a gustar, y es que tú y yo sabemos que nos han inculcado durante toda la vida que hay que comer varias veces al día para evitar tener mucha hambre y así no atracarnos.

Pues bien, esta afirmación que ha calado desde que no sabíamos ni andar, es falsa.

¿Has escuchado alguna vez lo de: hay que darle el pecho al bebé cada 3 horas y nunca a demanda? Y si toma biberón, aún con más razón. O, lo de: ¿empieza el día con un buen desayuno para poder “tirar” durante todo el día? O, ¿cómo se te ocurre salir de casa sin desayunar? ¿Te vas a ir a correr sin haber comido nada? ¡Estás loco!

La base en todo esto: miedo, miedo y más miedo. ¿Crees que es coherente? En la última charla que impartí en Escola Arimunani fue una de las inquietudes más preguntadas al final de mi intervención. Y como en la mayoría de las conferencias que imparto, con una gran sorpresa se recibe mi respuesta. Sabes que cuando una mentira se repite muchas veces por suficientes personas, puede acabar convirtiéndose en una verdad, o mejor dicho, y, utilizando una figura literaria en retórica como el oxímoron: una falsa verdad.

¿Me ayudas a darle sentido común? El hambre es una señal fisiológica del ser humano y esto quiere decir que tener hambre es normal. Claro está, será normal hasta que deje de serlo, pero esto te lo explico un poco más adelante. Además de normal, el hambre ha hecho mucho por nuestra especie ya que nos ha motivado a buscar sustento energético, es decir, comida. Seguro que conoces esa frase de: eres más listo que el … sí, que el hambre. Totalmente cierta, ya que agudiza tu ingenio para encontrar estrategias para abastecerte de energía. Es realmente apasionante entender cómo se orquesta el metabolismo energético para tener los recursos que nos permiten generar movimiento (ejercicio) y encontrar recompensa a nuestra búsqueda. Curioso o no, esto es uno de los rasgos que nos caracteriza como seres humanos. El hambre es una de nuestras recompensas naturales a nivel cerebral. Como mínimo, merece que respetemos esta conducta de nuestra evolución, ¿no crees? De hecho, quiero preguntarte una cosa: ¿Alguna vez has comido con hambre? ¿Llevabas muchas horas sin comer y has disfrutado de una buena comida? Me refiero a esos momentos donde no te apetece ni hablar, sino gozar del placer de comer. ¿Qué tal? ¿Recuerdas esa sensación tan maravillosa?

Pues déjame decirte, que eso debería ser lo normal, comer con placer, y no por tortura.

Fíjate, si la evolución nos ha dotado de esta fantástica sensación y lo ha premiado tanto por el esfuerzo que hemos realizado. Todo este proceso conlleva una activación de diferentes sistemas cerebrales, y su fisiología es apasionante, aunque dista para un post divulgativo.

¿Qué ocurre a día de hoy en nuestra sociedad “desarrollada”? Básicamente ya no hay necesidad de buscar alimento porque lo tenemos al alcance sin ni siquiera movernos del sofá. Para nuestro cerebro no es muy normal, aunque se adapta fácil y dice: ¡maravilloso! ¡Hay comida cerca! ¡Vamos a producir hambre! En estudios con resonancia magnética funcional del cerebro (se realiza una resonancia mientras se lleva a cabo una actividad), se ha visto que la señal de hambre se produce viendo imágenes de comida, oliendo a comida y/o imaginando que hay comida cerca. ¿Sabes quién es experto en neuromarketing y conoce estos estudios? Estoy seguro de que lo has adivinado, la industria alimentaria. O dicho de otro modo y de una forma un poco más directa: manipulación en estado puro.

¿Has bebido alguna vez agua sin ni una pizca de sed? ¿Verdad que es una sensación completamente desagradable? Incluso añadiría: es un insulto para el cerebro. Lo mismo ocurre comer sin hambre o aún peor, comer con hambre, pero no mucho para no saciarte. De verdad, que somos expertos en maltratarnos.

A esto se le llama comer con hambre real, saciar la demanda fisiológica que tenemos previo a una búsqueda. Y claro está, comer comida, no porquería. Y sigo con el “y”, comer para nosotros y para alimentar a nuestras bacterias (microbiota). El otro día en la charla en la escuela, mostré los estudios más recientes que muestran que la señal de hambre parece ser que viene determinada por el equilibrio de nuestro ecosistema intestinal. Y que, un desequilibrio en dicho ecosistema puede inducir señal de hambre. Dicho de otro modo:

Cuando algunas bacterias han sobrecrecido y quieren mandar sobre otras, le dicen a tu cerebro que busque comida y además qué les apetece, vamos que son sibaritas.

¿O creías que la apetencia de azúcar lo decidías tú? Lo siento, parece ser que son tus hongos.

Así pues, y a modo de resumen:

  • El hambre es fisiológica, por favor no le tengas miedo.
  • Lo ideal es que te muevas para buscar comida.
  • Con hambre come comida, no productos llenos de porquerías.
  • Si tu hija/o no quiere desayunar por la mañana, hazle un favor y que no coma. De hecho, la hormona que produce hambre (grelina) aumenta hacia las 3-4 horas después de despertarnos. Y tranquila/o, si tiene hambre para desayunar que coma lo dicho: comida.
  • Y por favor, ten en cuenta que no solo comes para ti sino para millones de microorganismos.

Si quieres saber más sobre la Psiconeuroinmunología Clínica y disfrutar de material gratuito que tenemos para ti, puedes inscribirte haciendo click aquí.

Xavi Cañellas

Msc Psiconeuroinmunología Clínica

Msc en Biología Molecular y Biomedicina

Co-autor de los libros Niños Sanos, Adultos Sanos y de Alimentación Prebiótica

Co-director y docente del Postgrado Experto Universitario en Psiconeuroinmunología Clínica de Regenera por la Efhre International University

Investigador colaborador en el proyecto Alimentación, microbiota y regulación de la inflamación en Hospital Josep Trueta de Girona

Y, papá munani.