Sí, así de rotundo. Y, es que, ¿cuántas veces has escuchado eso de: el intestino es el segundo cerebro? Déjame decirte algo que no te gustará, y es que esta afirmación es falsa. No puedo permitir que sigas creyendo algo que no es cierto. Nuestro intestino no es ni de lejos el segundo cerebro. Porque básicamente es, el primer cerebro.

Quiero que conectes con un momento de tu vida donde hayas sentido un nudo en tu barriga, quizás antes de un examen importante para lograr unas oposiciones, o tal vez esa sensación en el estómago cuando le declaraste el amor a tu pareja; o las veces que sientes esa presión en el abdomen cada vez que intentas abordar un conflicto que sabes que tienes que resolver, pero el miedo o la vergüenza no te lo permiten. Y quizás más común de lo que imaginamos, esa tensión en la barriga cada vez que vas hacia el trabajo cada mañana y eres consciente que no te gusta, que no te apasiona y que, además, tienes que aguantar, sin poder alzar la voz, a tu jefe o a algún compañero que te hace la vida imposible.

El denominador común de todas estas situaciones es tu barriga.

Y, ¿cuándo crees que empezaste a sentir que tu barriga te mandaba señales de alarma? ¿En la adolescencia? ¿Siendo adulto? … Permíteme decirte, que lo empezaste a sentir desde tu primera infancia. No debe ser casualidad que los recientes estudios científicos, relacionen los cólicos del recién nacido con el estrés de mamá, ni que el principal motivo de consulta en pediatría sea el estreñimiento y las alteraciones digestivas. Y es que, si bien es cierto que el cerebro tiene más neuronas que el intestino, cuando un feto se desarrolla dentro de la barriga de su madre, forma antes la red neuronal del aparato digestivo que el propio cerebro.

¿Te has parado a pensar que nuestros hij@s munanis no sienten las mismas sensaciones en su vientre cada vez que inicia el periodo escolar y dicen en el coche: “tengo nervios en mi barriga”, o cuándo se sienten rechazados porque algunos niñ@s no quieren jugar con ell@s, o cuándo están indecisos para explicar algo que les preocupe o simplemente les ocupe en su asamblea? Qué importante es que el colectivo de profesores tenga consciencia y lleve a cabo un acompañamiento validando lo que sienten nuestros hijos, ¿verdad? ¿No crees, que, igual que hay una carretera de bajada desde el cerebro hasta el intestino, hay otra carretera que va de abajo hacia el cerebro? Así es, existe y actualmente sabemos que parece ser un foco de diana terapéutica para el tratamiento de multitud de desórdenes neurológicos como el autismo, la epilepsia, la depresión o la ansiedad. De hecho, a día de hoy, se están llevando algunas investigaciones muy interesantes para entender cómo la inflamación en la barriga de los más pequeños influye en su conducta social, su atención, su concentración y su grado de actividad.

Hace muy pocos años, la prestigiosa revista científica The Journal of Neuroscience, publicó un estudio titulado: Microbios del intestino y el cerebro: Cambiando el paradigma de la Neurociencia. Quiero hacerte llegar que no puedes entender la inteligencia emocional ni la educación emocional sin tener en cuenta la salud del aparato digestivo de tu hij@.

Con todo esto, te lanzo esta pregunta: ¿te has planteado que la alimentación de tu hijo influye en su capacidad de gestionar sus emociones?

Xavi Cañellas

Msc Psiconeuroinmunología Clínica

Msc en Biología Molecular y Biomedicina

Co-autor de los libros Niños Sanos, Adultos Sanos y de Alimentación Prebiótica

Co-director y docente del Postgrado Experto Universitario en Psiconeuroinmunología Clínica de Regenera por la Efhre International University

Investigador colaborador en el proyecto Alimentación, microbiota y regulación de la inflamación en Hospital Josep Trueta de Girona

Y, papá munani.