A los 8 años, Gillian ya había revolucionado toda su clase.

Los profesores se quejaban de que distraía al resto de compañeros, que su caligrafía era un desastre, que los deberes nunca llegaban a tiempo, y que con frecuencia tenían que retrasar el ritmo de la clase porque la pequeña Gigi se había quedado mirando por la ventana, hacía ruido o era incapaz de mantenerse sentada en su silla más de 10 minutos. Tampoco los aprobados llegaban con facilidad.

La madre de Gillian, leyó dos veces la carta de amonestación del director del colegio. Tal vez sería mejor llevar a Gigi a un “colegio especial”…

Si Gillian fuese hoy al colegio, le hubiesen diagnosticado déficit de atención. Pero en el tiempo de Gillian, todavía no existía este trastorno. Así que su madre, la llevó al psicólogo antes de jugar la carta del “colegio especial”.

Después de interrogar a su madre, el psicólogo habló con Gigi:

– Gracias por tu paciencia, Gigi. Tu mamá y yo tenemos que hablar todavía de un par de cosas más. Así que te pido que nos esperes aquí. No tardaremos mucho ¿De acuerdo?”.

Gillian, que había hecho un gran esfuerzo por mantenerse quieta y sentada por miedo a que la enviasen al “colegio especial”, miró al médico y asintió. El psicólogo encendió la radio y, junto con la madre de Gillian, abandonó la habitación dejando a la niña sola.

Por el falso espejo pudieron ver lo que la niña hacía en su ausencia.

Gigi se levantó y empezó a mover los pies al ritmo de la música que sonaba en la radio. Luego dio un giro y otro, y comenzó a bailar graciosamente por toda la habitación.

El doctor y la madre se miraron.

Señora – dijo el psicólogo – su hija no tiene ningún trastorno de aprendizaje. Su hija es bailarina. Ése es su talento. Apúntela a clases de baile.

El primer día que Gillian pisó la academia de baile, se dio cuenta de que allí todo el mundo era “tan diferente” como ella: Todos necesitaban moverse y bailar para pensar.

¡Y a nadie le molestaba que ella lo hiciese también!

Años más tarde, Gillian se convirtió en bailarina profesional y coreógrafa.

Y creó las coreografías de musicales tan célebres como CATS o El Fantasma de la Ópera. Durante su larga carrera ha sido también actriz, directora de teatro y directora de televisión.

¡Y nunca dejó de bailar y de perseguir aquello que le apasiona!

El mundo se hubiese perdido ese talento innato de la pequeña Gigi si aquel psicólogo y la intuición de su madre, no hubiesen sabido mirar y VER a Gillian.