A menudo como persona, más que como profesional, me encuentro a muchos padres y madres que no se plantean la educación de sus hijos desde esta mirada.

Cuando hablo de por qué es importante, muchos me dicen:

“pues vaya tontería … yo estudié como se ha hecho siempre y no me fue tan mal”

y otros comentarios que desde su perspectiva justifican su decisión. Nunca los cuestiono, ni los intentó convencer de que eso es diferente, porque esa es la primera base del respeto: Respetar que ellos pueden tener su opinión y que es diferente a la mía, pero igualmente válida. Hecho, que en general, ellos no saben hacer. Intentan convencerme de que lo que dicen es así y yo estoy equivocada, o se creen que su opción es mejor y me juzgan por la mía.

Todo cambia un poco cuando se enteran de mi trayectoria profesional. Me resulta muy triste que alguien tenga en cuenta mi opinión sólo por mi profesión y no por quién soy, porque soy madre y tengo derecho a escoger la educación de mis hijos sea cual sea. ¿Por qué para tener mi propia opinión y que se respete tengo que demostrar y justificar que sé de lo que hablo cuándo ellos no lo hacen?

¿Y todavía os preguntáis por qué es importante escoger un colegio o una forma de aprender desde el respeto?

Pues por algo tan trivial y a la vez tan grande como lo que acabo de exponer, y porque eso es el principio de todo abuso de poder, de cualquier guerra, del egocentrismo, y de la mayoría de conflictos mundiales. Es lo mismo, a gran escala. Cuando no hay respeto, se producen luchas de poder. Para cambiar el mundo, hay que cambiar la educación.

Y si de Respeto hablamos, un aprendizaje respetuoso no puede ser de otra forma que experimentando.
Si tengo en cuenta que tú eres importante y mereces ser quien eres seas como seas, no te voy a forzar a aprender algo que yo creo que te va a ir bien, puesto que realmente no lo sé.

Eso vuelve a ser una falta de respeto: Cuando te digo qué es lo que tienes que aprender y cómo.

En lugar de mirar tus propios intereses y de preguntarte cómo lo quieres aprender tú. Así, vuelvo a someterte. Vuelvo a decirte “yo tengo razón y tú no”. Vuelvo a desvalorizarte con respecto a mí y eso es lo que genera un bajo autoconcepto y una baja autoestima.
Cuando yo te digo que “por ahí no vas bien” y “por donde yo te digo irás bien”, no sólo soy irrespetuoso sino que encima soy prepotente. Porque …
¿Cómo sé yo lo que es mejor para ti? No lo sé …

¿Crees qué nuestros padres y madres lo sabían?

Pues no. Ellos hicieron lo que creyeron que era mejor para nosotros con todo el amor que pudieron, pero raramente coincidía con lo que nosotros creíamos que era mejor. ¿Y qué hicimos? Lo que consideramos nosotros, no lo que ellos creían que era mejor, aunque a veces la experiencia los hiciera tener razón … otras muchas no.

Por eso mismo no se puede aconsejar, sino ayudar a la persona a que descubra, a que encuentre su propio camino y eso se hace a través de la experimentación.

Si pensamos en el mayor aprendizaje de nuestra vida … ¿cómo lo hicimos?
A través de la experiencia. El aprendizaje se fija a través del movimiento, de probar, de vivenciarlo.
Lo otro son conocimientos que se memorizan y se borran … pero el aprendizaje es mucho más … es lo que nos ayudará en la vida a crecer, a evolucionar a ser felices, a conseguir aquello que queremos.
“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo” decía Benjamin Franklin.

Otra cosa que fija el aprendizaje según la neurociencia actual, es la emoción. Por eso es tan importante la motivación, partir del interés que tiene El Niño y no de lo que queremos enseñar.
Cuando un niño está motivado y pasa por la experiencia de aprender (por ejemplo, qué es la inercia haciendo una peonza y viéndola girar) es muy posible que recuerde el concepto, el significado y la aplicación, además de poder asociarlo a otras cosas que giran. En cambio, si aprendemos qué es la inercia de forma teórica, El Niño lo recordará poco tiempo.

Necesita de la experiencia, de la manipulación, del juego, de divertirse y maravillarse para aprender. Y si lo hace, aprenderá muchas más cosas en menos tiempo. De forma amena para él, disfrutando de lo que hace y sintiéndose capaz.
Habrá aprendido los mismos conocimientos que encontramos en el currículum oficial pero de forma divertida, motivadora, respetuosa y subiendo su autoestima.

Todo ello le conecta con la alegría de vivir, con quién es y qué quiere en la vida. Y como se siente capaz, irá a por ello. Y si se frustra no importa, porque sabe que con esfuerzo, es muy posible que lo consiga.

Así pues … ahora os hago la pregunta yo …

¿Por qué creéis que es importante una educación respetuosa y experimental?

Yo no tengo la respuesta. Cada cual se lo tiene que plantear por sí mismo y responderse, y esa será tu verdad.

Yo voy hoy a compartir, por si a alguien le puede servir, mi propia respuesta.

Para respetar a los demás, y convivir en armonía, hay que aprender a respetarse a sí mismo. Y eso sólo se consigue con adultos que prediquen con ejemplo. El respeto para mí, es la base de cualquier relación sana y de una autoestima saludable. Sin respeto no se puede convivir, sin respetarte no te puedes querer y por tanto te vas a someter, y eso es la base de la infelicidad y la frustración.

Este tipo de educación respetuosa, crea niños con criterio, proactivos socialmente, que piensan que tienen capacidad de decidir de forma responsable qué quieren y qué no. Que no se dejan manipular, ni se aborregan, sino que van a por lo que quieren. Y lo que no, lo descartan. No se dejan someter, sino que buscan la que ellos creen su mejor opción.

Aprenden a su ritmo, es cierto, pero eso hace que lo aprendan más rápido (porque están motivados) y que no se sometan al ritmo de locura y estrés de nuestra sociedad. Sino que al respetar su ritmo, ellos también aprenden a no dejarse presionar por lo externo. La presión se la aplicarán ellos cuando sea necesaria en función de lo que quieren conseguir, de su motivación, y no desde lo que les dicen los demás.

Fijan mejor los aprendizajes: los que hacen son para toda la vida. No los escupen en un examen y los borran, sino que se les queda para siempre y lo pueden aplicar en su día a día.

Son felices, y disfrutan de la vida y de lo que aprenden.

Saben mejor lo que quieren y van a por ello; se sienten capaces y ellos mismos aprenden de sus errores. Son capaces de rectificar, de cuestionarse a sí mismos, de mejorar en función de su propio criterio y de su interés, y no de lo que le dice otro.

Se conocen mejor a sí mismos y se saben gestionar emocionalmente. Son libres para decidir y para cuestionar.

Son honestos, ya que no tienen miedos irracionales ni la necesidad de mentir.

Aprender divirtiéndose… ¿por qué hay que sufrir para aprender?

Se convierten en personas sanas, lo cual no es siempre políticamente correcto, pero es que la felicidad no puede depender del entorno ni del juicio ajeno, sino que es un estado interno y propio. Y a veces para ser feliz hay que desafiar lo que una sociedad enferma e hipócrita propone.

Donde hay juicio, no puede haber respeto. Ni por uno mismo, ni por los demás: Ésa es la base de la infelicidad.

Así que, personalmente, prefiero una hija sana, que cuestiona lo establecido y elige adaptarse a lo que ella considera libremente para pertenecer y conseguir lo que quiere, con capacidad de empatizar con los otros, y los mismos conocimientos que puede aprender en la metodología tradicional.

La prefiero a una niña con conocimientos, sometida y obediente, que hace todo lo que se supone que debe hacer, a la que todo el mundo adora, pero que no sabe quién es ni lo que quiere porque siempre ha vivido a la expectativa de lo que se esperaba de ella y que no sabe qué es ser feliz.

Imagino que también, como la mayoría de cosas en la vida, es una cuestión de elección libre y responsable.

¿Qué eliges tú?

Sea lo que sea, es tu elección y eso es incuestionable.
Si puedes entender eso sin un juicio u opinión, ya empiezas a respetarte.
Ésa es la importancia de un aprendizaje a través del respeto y la experimentación.

Laura Frau