“ Empatía es encontrar ecos de otra persona en nosotros mismos”.

Mohsin Hamid.

Muchas veces, pensamos que la empatía es comprender los problemas y las angustias de los demás en sus momentos de crisis. Pero es un concepto y un atributo humano que va mucho más allá. Empatía también es inspiración y aprendizaje.

Como todos los Jueves, Aimee Mullins, atleta olímpica estadounidense (además de modelo, actriz y activista) estaba esperando a los alumnos que iban a visitarla al museo para niños de su ciudad.

En la entrada, podía imaginarse al profesor diciendo a los niños:

“Niños, portaros bien, sed educados y sobre todo, en ningún momento miréis a la Srta. Mullins a las piernas. Por nada del mundo”.

A Aimee le amputaron las dos piernas cuando tenía un año de vida y aprendió a caminar con prótesis desde los dos años.

Aquel Jueves, antes de la visita, Aimee pidió al encargado que dejase entrar en la sala solo a los alumnos. Sin adultos.

Los niños son curiosos por naturaleza. Hacen preguntas. Prueban, exploran, juegan, imaginan. Para ellos, no hay preguntas inconvenientes. Somos los adultos los que, a través de nuestros miedos, censuras, juicios y prejuicios, vamos enterrando esa curiosidad innata y su capacidad de sorpresa y admiración.

Cuando los niños entraron a la sala de exposiciones de prótesis de Aimee, se encontraron con una amplia mesa llena de objetos que nunca habían visto antes: Prótesis de grafito que parecían las patas de un guepardo, un par de piernas bellísimas que eran botas de madera con tacón y preciosas magnolias talladas sobre ellas, otras piernas largas y transparentes de metacrilato, un par de prótesis que imitaban la forma de una medusa, otras que parecían sacadas de una película futurista…

Los niños, al ver todo eso, y sin presencia de ningún adulto que les dijese lo contrario, empezaron a tocar las prótesis, a sentarse sobre ellas, a manipularlas para averiguar cómo funcionaban….

Aimee entró en la sala y les dio la bienvenida.

Luego, les dijo:
– Escuchad, chicos. Antes de que entren los profesores, me gustaría contaros algo. Cuando me levanté esta mañana, decidí que quería dar un salto tan grande que me permitiese sobrepasar una casa. Un edificio de dos o tres pisos….

Los niños la escuchaban atentamente, con los ojos bien abiertos.

– Decidme, si pudieseis construirme un par de piernas, inspiradas en cualquier animal, superhéroe o personaje de dibujos… ¿Qué tipo de piernas crearíais para mí?

Enseguida, los alumnos empezaron a lanzar ideas…
-¡De un canguro!
-No ¡Una rana!
-No, no ¡Como las de un saltamontes!
– Mejor: ¡Como las de Los Increíbles!
Y de pronto, una niña dijo…. “¿Y no te gustaría volar también?”

Y todos, incluyendo Aimee, exclamaron: ¡Síiiiiiiiii!

Y en menos de un instante, aquellos niños, que podrían haber visto a Aimee como una persona “discapacitada”, se pusieron en sus zapatos y vieron, a través de sus ojos, a una mujer súpercapacitada y con un inmenso potencial.

La empatía construye conexiones entre nosotros. Crea confianza, intimidad, reconocimiento, compasión y sentido de pertenencia. Es un tipo de solidaridad abstracta que no puede enseñarse, sino inspirarse.

Por eso es importante en Arimunani escuchar de manera activa, observar los gestos de los niños, aprender a identificar sus necesidades y acompañarles en el camino, respetando su ritmo. Queremos empatizar.

De lo contrario, nos perdemos muchos detalles de la conversación. De lo que pasa en esa conexión, en la que aprende y mejora tanto el pequeño como el maestro.

¿Te acuerdas de la película AVATAR, y de lo que decían los sabios NAVI?

Te veo. (Te respeto, te saludo, te honro, te reconozco, te recibo. Conecto contigo).

Es decir, empatizo contigo.

¿Qué personas te inspiran?
¿Y qué personas o personajes inspiran a tus hijos y les hacen reír, saltar, imaginar?

¿Sueles quedarte en silencio observando los juegos de tus pequeños munanis? ¿Qué aprendes de ellos?

¡Cuéntanos! ¡Ya sabes que nos encanta escuchar y compartir experiencias!