¿Se puede enseñar la empatía? ¿Y para qué sirve ser empático?

La empatía consiste en ser capaz de ponerse en la situación de los demás. Es crear una conexión con el otro.

Un día, la profesora de instituto Shelley Wright decidió ponerse en la situación de sus alumnos.

Llegó a clase y preguntó a sus chicos: “¿Cómo os gustaría que fuese mi clase? ¿Y el colegio?”.

Los alumnos se quedaron perplejos en un primer momento.

Ningún profesor antes les había hecho esa pregunta.

Los maestros llegaban a clase y decían a sus alumnos qué había que estudiar, cómo debían sentarse, cómo debían ser las clases, qué materias eran las correspondientes a cada trimestre y cuándo debían hacer los exámenes.

Lo primero que le dijeron sus alumnos fue:
“Nos gustaría que no fueses tan aburrida”.

Lo segundo: “¿Podemos sentarnos en un círculo en el suelo para escuchar los comentarios de los demás compañeros?”.

Lo tercero: “Deseamos hacer algo, contribuir, para crear un mundo mejor”.

La magia contagiosa de la empatía es que hace que las personas se ayuden entre sí.

Se relaciona estrechamente con valores tan importantes como el altruismo y la capacidad de buscar soluciones para ayudar al otro. Forma parte de la inteligencia emocional.

En su voluntad de comprender a sus alumnos, Shelley siguió haciendo preguntas en clase:
“De acuerdo ¿Cómo creéis que podemos ayudar a crear un mundo mejor?”.
Los alumnos le hablaron de un programa entre escuelas llamado “Schools for Schools” en el que los estudiantes organizaban acciones solidarias para recaudar fondos y ayudar a niños de países en guerra a reconstruir sus escuelas. Shelley, pensando en que podrían recaudar un par de miles de dólares, como mucho, inscribió a su clase en el programa y los chicos se pusieron manos a la obra.

Durante los 45 días siguientes, fueron los alumnos de Shelley, movidos por la empatía y la solidaridad de aquella meta, los que dijeron a la profesora qué había que hacer en clase. Fueron jornadas de aprendizaje y emociones inolvidables para todos.

Para aprender lo que es la empatía, hay que sentirla, vivirla. No basta con comprender o imaginar su significado. La magia llega cuando pasas a la acción.

Y como en Arimunani somos unos apasionados de la acción, este mes de Diciembre tenemos entre manos un reto muy especial y que estamos preparando con muchísima ilusión: Llevar la magia de la Navidad a aquellos que más la necesitan.

Ponernos en la piel de ancianos, personas hospitalizadas o niños sin recursos que pasarán estos días de fiesta en residencias, hospitales o albergues, tal vez lejos de sus familias, o puede ser que sin motivos para celebrar.

Con ayuda de las profesoras, estamos ensayando villancicos navideños que luego cantaremos a los mayores alojados en la residencia. Además, con la valiosa colaboración de Aitziber Esteran, hemos modelado, cocido y pintado unos preciosos adornos navideños que obsequiaremos a los ancianos.

También recogeremos entre nuestros munanis juguetes usados en buen estado que entregaremos a una fundación. Ésta  se encargará de hacerlos llegar a niños que, de otra manera, se quedarían sin juguetes esta Navidad.

Y además, en clase dibujaremos y prepararemos felicitaciones de Navidad muy especiales que después entregaremos a un hospital. Para que las personas que estén allí puedan recibir nuestros deseos de alegría, felicidad y pronta recuperación a través de los dibujos de nuestros munanis.

Este reto, nos hará conectar con una Navidad más solidaria. Aprenderemos a empatizar con la situación de otras personas que viven de manera diferente estas fiestas, que no tienen por qué ser solo días de consumo, compras y comilonas.

¡A finales de Diciembre os contaremos el resultado de este reto tan emocionante!

Las conexiones que creamos a través de la empatía son poderosas, y algunos afirman que es la herramienta más importante de cambio en el mundo que podemos transmitir a nuestros hijos.

Después de conocer la realidad de un grupo de estudiantes de Uganda que habían perdido sus casas y su escuela en la guerra, los alumnos de Shelley no se conformaron con recaudar 2000 dólares. Ni 10.000. Decidieron que recaudarían 20.000 dólares. Shelley no tenía ni idea de cómo, un grupo de 25 niños, iba a conseguir esa cantidad de dinero.

Los chicos se reunieron en grupos de trabajo organizados por ellos según sus gustos y habilidades, para planear y llevar a cabo todas las acciones y conseguir los fondos. Sorprendentemente, el grupo de estudiantes que fue a visitar tiendas y emisoras de radio que colaborasen con su proyecto, fueron los que normalmente no hablaban nunca en clase. La profesora cuenta que finalmente, después de los emocionantes 45 días, se consiguieron 22.800 dólares gracias a la pasión y determinación contagiosas que los alumnos pusieron en su objetivo, y que animaron a colaborar y a donar a todos aquellos que los chicos de Shelley tocaron con su empatía.

¿Qué planes tienes para estas fiestas?
¿Qué te parece el reto de Diciembre?
¿Nos lo cuentas en los comentarios?