Durante estos dos últimos fines de semana hemos contado con Aitziber, apasionada de la cerámica, para realizar un bol para el desayuno.

El primer sábado el clima nos recibió con una de las lluvias más intensas de los últimos meses en Mallorca. Tan solo salir del coche y llegar a la sala donde realizábamos el taller parecía toda una odisea, muchos entramos empapados. Pero una vez dentro, gozamos de ese clima mágico que se crea cuando uno está disfrutando de hacer algo en casa y fuera puedes observar y oir la tormenta.

De forma muy natural, casi familiar, los participantes fueron llegando y sentándose en los bancos que había preparados. No hubo ni presentaciones formales ni grandes lecciones. Simplemente, las cosas fueron dándose. Todos fuimos cogiendo un trozo de barro que empezamos a amasar y moldear con diferentes herramientas. De vez en cuando se oía una risa aquí o una palabra de asombro allá, algún golpe de barro en la mesa o el nombre de Aitziber para pedir ayuda o consejo.

Muchos hicimos un bol pero otros se inclinaron más por hacer figuras de animales, así también surgió un elefante o un cocodrilo.

Una vez estuvimos satisfechos del resultado, los pusimos en una caja y Aitziber se los llevó para hornearlos en su taller.

El fin de semana siguiente tuvimos un día maravilloso. De hecho, nos arrepentimos de no haber salido a acabar el taller fuera.

Casi todos los boles (y animales) se habían cocido bien, salvo dos, que estallaron en el horno (se ve que si queda una burbuja de aire dentro del barro, el bol explota en el horno). De todas formas, Aitziber trajo dos hechos por ella misma para los que habían perdido el suyo.

Una vez en la mesa y de una manera sosegada y tranquila, como la otra vez, nos pusimos a pintar nuestra creación con distintos colores. Esta fase fue mucho más sencilla. Pronto acabamos y … una vez más, los dejamos en la caja para que se volvieran a hornear.

Ahora sólo nos queda esperar y ver cómo nos sorprende la mezcla de barnices y el efecto del horno sobre ellos… Pero la verdad es que, al margen del resultado, el placer de amasar el barro, de darle forma, de estar creando algo que no sabes a dónde va a llegar o cómo va a ser, forma parte de esos momentos especiales en los que uno se encuentra consigo mismo y, si presta atención, puede percibir el guiño de la parte más profunda de su ser.

Gracias Aitziber por transmitirnos tu pasión y hacernos partícipes de ella!

Con esta actividad hemos podido recaudar 150 € que son donados a Aspace Baleares.